Lobotomizar

Es lo que pasa cuando la medicina se convence de que la destrucción del cerebro es la cura.

No causó gran revuelo el invento de la lobotomía, por el portugués Antonio Egas Moniz en 1936 (él la llamó “leucotomía”) Las técnicas médicas del naciente siglo XX ya admitían como tratamientos psiquiátricos estándar a la terapia por shock insulínico, la terapia por inducción de malaria y el shock cardiazólico (que induce crisis convulsivas) Por lo que taladrar agujeros en el cráneo de un paciente, para luego destruir el tejido del lóbulo frontal, no fue un método inicialmente discutido.

Muy por el contrario, Moniz recibió el Premio Nobel de Medicina el año 1949, por su “visionario” tratamiento. Las comunicaciones de Moniz eran auspiciosas: supuestamente, el 35% de los pacientes lobotomizados mostraban una gran mejoría, otro 35% mejoraba moderadamente, el 30% restante no mostraba modificación alguna. Siempre se optó por lesionar el lóbulo frontal, ya que así lo sugerían los resultados de lobotomías previas, practicadas sobre primates no humanos.

¿Cómo pudo alguien creer que destruyendo el cerebro podría sanarlo? Bueno, la hipótesis a la base parecía indicar lo siguiente: ninguna enfermedad mental demostró ocasionar alteraciones anatómicas en el cerebro ni en las neuronas. Se supuso que eran las conexiones entre las neuronas las causantes de todo trastorno mental. Luego (y aquí el error fatal), la remoción o destrucción de las conexiones neuronales aberrantes, debería recuperar al paciente. Supuestamente.

Entre quienes apoyaron la nominación de Moniz al premio Nobel, se encontraba el médico norteamericano Walter Freeman, uno de sus admiradores más fervientes. Freeman refinó el procedimiento, sin embargo le parecía aún muy complejo, ya que la mayoría de los asilos mentales de Norteamérica carecía de un quirófano equipado debidamente.

Inspirado en la idea de un psiquiatra italiano, Freeman comenzó a simplificar el procedimiento: en lugar de perforar el cráneo del paciente, probó deslizar un objeto punzante a través de la cuenca ocular, logrando acceder al lóbulo frontal y destruyendo su tejido. Se sabe que Freeman habría ensayado la técnica sobre cadáveres utilizando un picahielos de cocina. Un martillo de goma facilitaba la tarea. Listo para poner en práctica su versión simplificada de lobotomía, llamó al procedimiento “lobotomía transorbital” y al picahielos, “orbitoclasto”.

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Si le interesa replicar el procedimiento, lo describo en detalle: Se levanta el párpado superior y se sitúa el orbitoclasto entre el globo ocular y el párpado. Con ayuda del martillo de goma, se introduce la punta del instrumento a través de la cuenca, con una inclinación de 15° hacia el surco interhemisférico…en realidad no continuaré detallando lo que sigue, pero se imaginarán que el picahielos se tuerce varias veces alrededor del ojo, causando una destrucción enorme en el cerebro antes de salir. Lo mismo se repite encima del otro globo.

La nueva forma de lobotomizar le permitió a Freeman practicar la intervención sin necesidad de quirófano (solía llamarla, “una operación de oficina”) De hecho, él mismo indicaba que si el recinto de la operación no contaba con anestesia adecuada, se le debía aplicar previamente al paciente una sesión de terapia electro-convulsiva (electroshock) para ponerlo en estado de inconsciencia. Todo por la comodidad y el bienestar del enfermo.

La lobotomía se indicaba en una gran variedad de trastornos psiquiátricos, especialmente los más graves. Tradicionalmente, trastornos psicóticos y anímicos. Los resultados reales del procedimiento eran erráticos: en general, la operación sepultaba los síntomas llamativos y agudos, cambiándolos por un comportamiento efectivamente menos intenso y más funcional para los fines de las instituciones mentales. El costo significaba un severo daño cerebral en los pacientes y no eran poco frecuentes los resultados de catatonia y deceso.

Walter Freeman tuvo cierto nivel de oposición por parte de algunos colegas, quienes consideraban la lobotomía como sobre-indicada. Debido a eso, redobló sus esfuerzos por “beneficiar” a la mayor cantidad de enfermos posible. Lamentablemente, Freeman fue un gran trabajólico. Recorrió Estados Unidos en su vehículo, al que llamó “El Lobotomóvil”. No se conformó con practicar directamente 3.400 lobotomías en 23 estados, sino que dedicó grandes esfuerzos en capacitar a los médicos, quienes replicaban el procedimiento. Freeman cobraba sólo 25 dólares por operación.

Lobotomizó a Rosemarie Kennedy (hermana mayor de John Kennedy), dejándola discapacitada física y mentalmente hasta su muerte, 60 años después de la intervención. El hijo de Walter Freeman habría confirmado que su padre también operó a la actriz Frances Farmer. La última paciente del Dr. Freeman fue Helen Mortensen (a quien él mismo había lobotomizado dos veces anteriormente) La paciente falleció por una severa hemorragia cerebral. Como consecuencia, Freeman fue impedido de ejercer su práctica, hasta su muerte en 1972. Curiosamente, nunca tuvo licencia de cirujano.

En Estados Unidos se practicaron 40.000 lobotomías, en Gran Bretaña, 17.000, en los países nórdicos, 9.300. La práctica de lobotomías se detuvo en los años 70, no sólo por sus nefastos resultados, sino que más decisivamente por la aparición de los psicofármacos. Los rusos (pioneros en neurociencias) prohibieron oficialmente la lobotomía en 1950, por ir en contra de los principios de humanidad y porque “convertía a personas enfermas en idiotas”.

Grupos de interés han impugnado el Premio Nobel que aún ostenta Portugal, a través del inventor de la lobotomía, Antonio Egas Moniz (quien murió en 1955) La Fundación Nobel ha rehusado retractarse y mantiene su reconocimiento al macabro médico.

Sin lugar a dudas, la lobotomía es uno de los grandes momentos en la historia de la locura.

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Referencias:

Ana Conseglieri. 2008. “La introducción de nuevas medidas terapéuticas: entre la laborterapia y el electroshock en el manicomio de Santa Isabel”. Revista Frenia, volumen VIII.

Reportaje en The Guardian sobre el Nobel de Moniz:   http://www.guardian.co.uk/education/2004/aug/02/highereducation.comment

Línea de tiempo de la lobotomía: http://www.npr.org/templates/story/story.php?storyId=5014576&ps=rs

http://en.wikipedia.org/wiki/Lobotomy

Sobre el Dr. Freeman: http://en.wikipedia.org/wiki/Walter_Jackson_Freeman_II#cite_note-lisas_history-7

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Un pensamiento en “Lobotomizar

  1. A modo de anexo:

    En la actualidad, la destrucción del tejido del cerebro se llama ablación cerebral. Se utilizan electrodos, láser o químicos para descartar el tejido anómalo. Es un procedimiento completamente diferente a la lobotomía, por las siguientes razones: las áreas a eliminar intentan ser lo más reducidas posibles, los estudios y exámenes previos para determinar qué tejido se descarta son numerosos, detallados y precisos, la variedad de patologías en las que se indica una ablación es bastante reducida y específica (algunos Parkinson, algunas cefaleas en racimo y algunos trastornos psiquiátricos) Pese a que todas estas intervenciones implican trepanar el cráneo (ninguna de ellas es trasorbital), es un alivio que no hayan picahielos en el arsenal quirúrgico.

    Otro tipo de afecciones que supone retirar o destruir tejido cerebral es la epilepsia (callosotomía, hemisferoctomía) y obviamente la presencia de tejido tumoral, el cual es desechado junto con una porción variable de tejido sano. Para estas últimas dos variedades de intervención, se evita el término “ablación” y se prefiere “extracción” del núcleo epileptógeno o del tumor (Lo mismo ocurre en inglés: se opta por resection y no por ablation)

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