Wabi-sabi: La otra estética

Una ética valiente y una estética íntima, se entremezclan en este concepto medular para la cultura japonesa.

Según mi opinión, el Wabi-sabi, más que un canon de belleza, resulta ser todo un criterio estético que funda tanto el origen como la contemplación de las creaciones. Un criterio ciertamente japonés, pero que recoge una tradición oriental bastante amplia.

Adopte la forma de objetos, imágenes, sonidos o lugares, la estética Wabi-sabi exalta la impermanencia, la caducidad, la fugacidad de la producción. También es posible advertir la imperfección, la irregularidad de las formas, la asimetría de las proporciones. Por otra parte, es una estética impregnada de sencillez. La simplicidad de lo imperfecto e incompleto se pone a disposición del observador, intentando generar una pausa, cierta sensación de silencio, de soledad, pero simultáneamente de calidez y familiaridad, características que ocupan un sitio privilegiado en la estética oriental.

En el Wabi-sabi, los detalles no intencionales del objeto dan cuenta de su proceso de elaboración y de su historia. Imposible, entonces, conciliar estos criterios con nuestra occidental concepción de réplica y producción en serie.

El Wabi-sabi va a hallar otro de sus fundamentos en la naturalidad. Muchas veces, apreciando un objeto o lugar inspirado en esta estética, es difícil distinguir la mano de quien lo creó: parece naturalmente configurado. Se valora la fluidez de lo natural, el no-forzamiento de la materia, por sobre cualquier pericia técnica.

En una primera aproximación, parece una estética difícil de contemplar y comprender, ya que nuestra cultura occidental sostiene criterios de belleza que obedecen a una perfección greco-latina, a la construcción de las proporciones según cánones geométricamente establecidos (donde el origen de la belleza se desprende de figuras matemáticamente concebidas) y donde la durabilidad de los materiales resulta, aún hoy, esencial. El mármol, el bronce y la roca, pretenden oponerse drástica y tajantemente al paso del tiempo, a la descomposición y a la destrucción (No es que la estética occidental haya rehusado abrirse a otras posibilidades, pero lo mencionado anteriormente ha sido más ostensible a lo largo de la historia).

En cambio, la forma Wabi-sabi es expresión estética de principios culturales inequívocamente orientales, específicamente budistas. Al reunir los conceptos que describen las características de la estética Wabi-sabi (impermanencia, imperfección, sencillez, naturalidad), no es difícil recordar los tres sellos de la existencia (Tri-Laksana) reconocidos por el Budismo: la transitoriedad de la realidad, la inexistencia de un yo independiente y la preeminencia del sufrimiento en la existencia humana. Adicionalmente, se observa la presencia sintoísta, que ejerce un importante influjo en la estética Wabi-wabi (sintoísmo fundado en el culto a los espíritus de la naturaleza y a otros seres ubicados en planos superiores de la existencia, de lo cual se deriva una veneración irrestricta al mundo natural)

Es claro que tanto en lo ético como en lo estético, el espíritu oriental desmonta resistencias frente a lo inevitable. La doctrina budista se centra enteramente en aquello. En el Wabi-sabi se encuentra la perfección en lo imperfecto, lo ideal en lo más simple y pedestre.

Mientras la cultura occidental aún se aferra a sus inmemoriales idealizaciones fijadas a lo omnipotente, lo eterno y lo perfecto, la profunda madurez del mundo oriental no sólo admite, sino que encuentra refugio en la fugacidad de la vida, en la incompletitud de la experiencia, en la impermanencia de todo lo que tenga existencia como tal, encontrando en esos aspectos el origen y despliegue de toda posible belleza. Lo Wabi-sabi resulta la faceta y consecuencias estéticas de un espíritu dispuesto a aproximarse al carácter decididamente inaprehensible de la vida y del mundo. Aproximarse y también incorporarse a su inefable flujo.

Mencionaré algunas expresiones en las que la estética Wabi-sabi parece especialmente contundente:

Karesansui (jardín Zen)

 Enso (circulo Zen típico de la caligrafía japonesa)

Chadō (ceremonia del té)

Haiku (poema breve japonés. Más información, aquí)

Honkyoku (música “minimalista” interpretada en flauta japonesa)

En la cultura popular actual, también se aprecian aspectos Wabi-sabi, a veces muy marcados. Por ejemplo, en algunos personajes de Hayao Miyazaki (según mi percepción)

Es comprensible que, desde nuestros ojos occidentales, la estética Wabi-sabi en ocasiones se considere deslavada, rústica, demasiado simple y hasta fea. Me parece que no es así. Al centrar la atención en esta estética, se percibe una vibración particular, una especie de recogimiento que, a mi modo de ver, tiene mucha relación con el contacto del observador consigo mismo.

Nuestro estado mental cotidiano adquiere un carácter tan precario, que a veces nos exaspera el silencio, la soledad, el vacío y lo simple, por nuestra enferma habituación al ruido, al murmullo constante, a la distracción y a la acumulación y atiborramiento de objetos, pensamientos y estados.

Por el contrario, el Wabi-sabi es una sensación semejante a la que muchos hemos podido percibir en pleno desierto: Una extraña y particular forma de soledad no negativa, una leve expansividad, una quietud cálida. Es el poder de la simplicidad, de la oquedad, de lo particular, de lo irrepetible, de lo que es deseable precisamente en la medida en que no se puede atrapar o momificar en una materialidad perenne e impecable, sino que sólo -y con suerte- en nuestra errante memoria y en nuestra feble emoción.

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3 pensamientos en “Wabi-sabi: La otra estética

  1. Qué gran artículo, muy interesante la relación que haces entre oriente y occidente, siempre enfrentados opuestamente. Me hace sentido a ésta estética, una corriente del arte occidental, el impresionismo. Asentada en las mismas bases que el Wabi-Sabi; el Impresionismo aparece para demostrarnos lo vacuo de nuestra vida y de nuestro mundo. En ésta corriente los pintores crean paisajes en un día basados en tan sólo la luz, no en la forma, y qué más pasajero que la luz natural, a cierta hora del día o la noche?…. Las vánitas, otra manifestación de lo pasajero y perecedero. Hay una obra de Van Gogh en la que aparece un esqueleto fumando. O naturalezas muertas, frutas sobre una mesa que enfrentan al tiempo en el cuadro pero que en la realidad se pudren rápidamente.
    Occidente ha buscado a través de la religión, la vida eterna. De ahí la necesidad de construir y crear objetos con la mayor durabilidad posible o eternos. Y la perfección buscada de la misma forma, creada por nosotros quienes envejecemos, buscamos recordar la belleza de la juventud en las eternas esculturas clásicas, lisas, suaves de mármol.
    Realmente Wabi-sabi es un descanso para el espíritu, esa simpleza se siente vivamente al contemplar un jardín Karesansui, y finalmente me parece más sana la aceptación de lo simple, en su belleza residimos nosotros.

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