Modesto ensayo sobre prescriptividad en epistemología contemporánea

Algo de epistemología.

Modestia: (Del lat. modestia)1. f. Virtud que modera, templa y regla las acciones externas, conteniendo al hombre en los límites de su estado, según lo conveniente a él.

Moderar: (Del lat. moderar) 1.f. Templar, ajustar, arreglar algo, evitando el exceso.

Prescribir: (Del lat. praescribere) 1.tr. Preceptuar, ordenar, determinar algo.

Precepto: (Del lat. praeceptum) 2. m. Cada una de las instrucciones o reglas que se dan o establecen para el conocimiento de un arte o facultad. [1]

I.- INTRODUCCIÓN

Lo referente al ámbito de la prescriptividad en epistemología es un tema crucial para la comprensión de las diferentes formas de conceptualizar y argumentar en torno a las condiciones de posibilidad de un conocimiento. Guarda relación con el establecimiento de aquellas condiciones que inciden en una adecuación en la aproximación que es posible sostener en relación con el “objeto a conocer”. Tiene mucho que ver con lo metodológico, pero en general con la faceta más normativa de las distintas formas de acercamiento al conocimiento filosófico o científico. Si bien es cierto, en el desarrollo de la epistemología no todas las visiones se asientan alrededor de prescripciones metodológicas estructuradas y rígidas, propongo que en todas existe algún grado de relación con una propuesta de cómo las cosas deberían ser o qué (o mejor dicho cómo) se debería hacer para aproximarse a una comprensión sobre algo (aunque no siempre se hable sobre una misma comprensión ni sobre un mismo “algo”)

En el siguiente ensayo se intentará describir muy brevemente algunas visiones y argumentaciones sobre la base de ciertos autores en torno al tema de la prescriptividad. Más concretamente, la pregunta que orientará la revisión y reflexión es ¿cómo se presenta o deduce la problemática de la prescriptividad en la epistemología contemporánea? La relevancia de tal esfuerzo radica en que la dimensión de la prescriptividad constituiría un punto de colisión entre teoría y praxis o, al menos, una zona donde es un poco más difícil demarcar la diferencia entre el producto de una reflexión y argumentación teórica ligada a ciertos presupuestos y un despliegue pragmático de los resultados de dicha reflexión.

La dificultad de otorgar una respuesta a dicha pregunta recae en el reconocimiento inicial de que la temática es más amplia y más profunda de lo que aquí se podrá presentar y más complejamente ligada a otros elementos, tales como los temas de normatividad, universalidad, validez, metodología, etc. En relación con otro aspecto, se presenta la temática de la prescriptividad muchas veces en oposición a la de la descriptividad, como su contraparte “natural”. Se recurrirá a éste elemento en las ocasiones en que lo amerite y en la medida en que facilite la comprensión de aquello que se presenta. Sin embargo, esta contraposición se verá diluida por elementos argumentativos que se presentarán en el desarrollo del ensayo.

II.- DESARROLLO

1. Neopositivismo: El círculo de Viena

En la década de los años veinte del siglo pasado, el análisis lógico del lenguaje neopositivista proponía iniciar la pesquisa de aquellas proposiciones que entrañaran significado, es decir, las analíticas (basadas en principios lógicos fundamentales) y las empíricas (estados de cosas comprobables mediante observaciones de la realidad, datos sensibles) y; por otra parte, el abandono (y denuncia) de todas aquellas proposiciones que carezcan de dicho significado ya que son absurdas en su aplicación a consideraciones científicas. La problemática y discusión que generaron estos argumentos se basan precisamente en las definiciones sobre aquellos criterios que serían decisivos para distinguir qué es un dato sensible, qué son las verdades de hecho o últimas a las que se reduce todo tipo de enunciado (como punto de comparación con fines correctivos) y en general, cuál es el criterio de verificación de enunciados y cuales son los alcances de éste.

A pesar de las problemáticas internas al Círculo de Viena y los cuestionamientos provenientes desde otras perspectivas, lo claro es que el neopositivismo posee un criterio que se ha considerado como fuertemente prescriptivo, en la medida en que provoca un centramiento en el tema metodológico. La propuesta general se basa en un método de tipo inductivo orientado hacia un análisis lógico-lingüístico que regiría una aproximación correcta al objeto de estudio. Por lo tanto, una preocupación permanente en estos autores fue establecer con claridad cuáles van a ser los procedimientos metodológicos que desembocarán en una verificación de los enunciados, lo cual se enlaza directamente con un marcado deber ser de la ciencia: en la medida en que el investigador se apegue a los criterios metodológicos acordados, estará descubriendo conocimiento científico, si no lo hace se encontrará realizando algo que no es ciencia. De manera que existirían criterios de demarcación bastante claros entre ciencia y no-ciencia.

2. Racionalismo crítico de Karl Popper

Su obra se considera una intervención que se propone “debilitar los presupuestos empiristas del neopositivismo y protestar contra el principio de verificación” (D’Agostini, 2000). Popper exalta el valor del principio de falsabilidad, en lugar del de verificabilidad como criterio de validez de los enunciados científicos. Esto se relaciona con la argumentación en torno a la validez en cuanto resistencia a intentos por refutarla, juicio que también constituye un criterio de demarcación de la cientificidad de una teoría: si una teoría no es refutable o no alude claramente a las condiciones bajo las cuales podría ser refutada, entonces no se trata de una teoría de tipo científico. Esto es garantía, según el autor, de rigor investigativo. Posteriormente, Popper extiende su principio de falsabilidad en sus consecuencias políticas e intenta establecer los fundamentos de prescriptividad de la cientificidad de las “ciencias histórico -sociales”, en donde el conocimiento debe renunciar a su perennidad y a lograr establecer enunciados permanentemente válidos, lo cual implicaría un principio más flexible que lo presentado desde el positivismo. De esta forma, Popper compara las “teorías abiertas”, es decir, aquellas que exponen las condiciones en las cuales pueden ser refutadas, y las “sociedades abiertas”, las que admiten en principio una crítica interna y se encuentran disponibles a la posibilidad de cambio.

Pero a pesar de esta apertura -en comparación con el Círculo de Viena- y manteniendo la problemática de la prescriptividad en mente, el racionalismo crítico mantiene un nivel de prescriptividad considerado relativamente fuerte, en la medida en que el deber hacer de las ciencias se orienta hacia un horizonte metodológico ostensible: el método hipotético-deductivo de contrastación de hipótesis. Todo aquello que se aleje del principio de falsabilidad y del método deductivo no sería ciencia o no merece serlo.

3.- Postpositivismo

3.1.- Thomas Kuhn.

Este autor, estimado dentro de una epistemología “postpositivista”, defiende en “La Estructurade las Revoluciones Científicas” una visión que se ha considerado más cercana a la descriptividad que a una prescriptividad, en la medida en que no se centra explícitamente en las metodologías o normatividades de lo científico, sino que en cómo el proceso histórico-social del hacer ciencia se había dado hasta ese momento, proponiendo diversos eventos al interior de ese proceso. El autor basa, además, las doctrinas científicas en una supuesta irracionalidad inherente. De esta forma, Kuhn plantea fases de ciencia normal o de aceptación transitoria de cierto paradigma; anomalías, donde el paradigma se enfrenta a ciertas problematicidades hasta que entra en crisis cuando surgen paradigmas rivales con capacidad de sustitución. Estas partes que se contraponen no entran en una interacción dialógica o en una confrontación de argumentos lógicos, provistos de contenido y sentido, sino que el autor propone que los paradigmas opuestos y trenzados en disputa por lograr un estado de ciencia normal recurren a medios alejados de una racionalidad para definir el altercado. Estos medios se ligarían a cuestiones de gusto o persuasión.

Se aprecia que esta visión -aparentemente- se aproxima más a una descripción de cómo la ciencia es o sería, más que como la ciencia debe o debería ser. Se puede pensar, en primera instancia, que Kuhn prescinde de lo normativo en el desarrollo de las ciencias y más bien desdeña los criterios metodológicos que servirían para validar los conocimientos científicos. Pero, tal como comentaré más adelante, esta descriptividad se puede poner, sin demora, al servicio de lo prescriptivo.

3.2.- Paul Feyerabend.

Para D’Agostini (2000), Feyerabend apunta a que “la filosofía de la ciencia debe perder la dimensión normativa y esto es fácil, y hasta cierto punto necesario, en cuanto ésta se orienta en un sentido histórico”.

Un criterio fundamental en la argumentación de este autor es el de pluralismo. Se relaciona con la necesidad de la ciencia de mantener una multiplicidad de lenguajes y objetivos. En ese sentido la ciencia “se nutre” de pluralidad y la falta de este atributo termina por imposibilitar el desarrollo de lo científico. Feyerabend presenta un “Tratado contra el Método” y se opone decididamente a la posibilidad de que una metodología sea capaz de ser impuesta permanentemente por el bien de la ciencia y su desarrollo -por así decirlo- sino que la prescripción metodológica estaría siempre al servicio de ciertos intereses creados y orientada a que dichas imposiciones se transformen en una verdadera traba al surgimiento y despliegue de nuevas propuestas científicas.

3.3.- Imre Lakatos.

El autor rescata una historia racional de la ciencia, vale decir, la enmarca en una perspectiva que resguarde lo racional del desarrollo de la investigación científica.

En “La Metodologíade los Programas de Investigación Científica”, Lakatos introduce un nivel de mayor complejidad que el planteado por Kuhn mediante sus paradigmas. Los Programas de Investigación poseerían un núcleo de supuestos fundamentales y un “cinturón protector de hipótesis auxiliares”, las cuales pueden variar y adaptarse con el fin de responder a las críticas dirigidas al programa, salvaguardando sus planteamientos nucleares. Por lo tanto una teoría enfrentada a la refutación no será inmediatamente descartada e inmersa en una fase de crisis directamente, como lo plantea Kuhn.

Por otra parte, el autor propone un elemento ligado al progreso en los Programas de Investigación. Se trata del progreso teórico (dominio de material empírico más vasto) y progreso empírico (nuevos soportes empíricos que sostienen las nuevas tesis propuestas en el curso del progreso teórico), con la posibilidad de que el programa pueda entrar también en estado estacionario, con posibilidades de seguir progresando con posterioridad.

Estas nociones de progreso permiten que se considere a Lakatos como el primero en proponer un enlace no relativista entre epistemología e historia (Habermas J. En “Conciencia Moral y Acción Comunicativa”, citado por D’Agostini, 2000) Tanto las posiciones de Kuhn como las de Feyerabend y Lakatos se formulan desde un lugar considerado como más cercano a lo descriptivo. Pero es posible aceptar que a partir de esta descriptividad se puede dar el salto a lo normativo en la medida que “paradigma”, “pluralidad” y “programa de investigación” son conceptos que pueden usarse como una nueva forma de demarcar el límite entre las ciencias y otras formas de conocimiento no científico. Aquello (desde Kuhn, por ejemplo) que no presentara las fases de ciencia normalanomalía y crisis podría ser considerado como no-ciencia y por tanto como un tipo de conocimiento ajeno a las ciencias, y esto sin recurrir a observaciones metodológicas ni explícitamente normativas. Lo mismo con la pluralidad de Feyerabend.

El conocimiento científico es aquel que fructifica en la medida en que se interna en una variedad de versiones, metodologías, objetivos, etc. O así debería ser. Por su parte, Lakatos usará sus programas de investigación para juzgar diferentes disciplinas con el fin de diferenciar aquellas científicas de las que no lo son. Por ejemplo, este autor usará su visión -en apariencia “descriptiva”- para decretar al psicoanálisis como no-científico ya que no constituiría un programa de investigación como tal, constituyendo una pseudociencia condenable (según Fernández, 1999) De manera que han existido ciertos “vasallajes de la descriptividad” -por así llamarlo- en su relación con lo prescriptivo, en la medida en que se ha presentado eventualmente al servicio del carácter normativo de estas posturas epistemológicas.

El delimitar un ámbito donde se supone el cómo las cosas son o han sido hasta ahora en la generación de conocimiento científico, da cómodo pie a un cómo deberían ser las cosas. Igualmente posible ha sido la opción de considerar o no un conocimiento como científico en la medida en que corresponde o no a tales o cuales descripciones de lo científico.

Así, lo descriptivo emerge casi como una nueva forma de operación deductiva, en la medida en que se establece una descripción de lo que ha sido el conocimiento científico (la cual funcionaría como una extraña forma de hipótesis) frente a la que se pueden confrontar algunas formas de conocimiento para dar paso a un veredicto sobre si corresponden o no a la descripción; de esta forma, la prescripción aparece con mayor claridad donde siempre estuvo, ahora despojada de sus ropajes descriptivos.

4.- Hermenéutica 

Para Luis Sáez Rueda (2001), “el proyecto de la Hermenéutica lleva en si, de modo inherente, una propuesta que pone en tela de juicio la ‘objetividad’ del saber en las ciencias naturales. El método de la ‘explicación’ que indaga relaciones causales o, en general, nomológicas, entre los fenómenos es, o bien desfondado, a favor de la prelación del comprender (Gadamer), o bien relativizado, en función de su estatuto simplemente mediador en el horizonte más amplio de la ontología comprensiva del sujeto (Ricoeur)”. De manera que la hermenéutica se propone desalojar al comprender de la necesidad de asociarse a criterios absolutos y universales de racionalidad.

Lo anterior es principalmente complejo ligado a la normatividad de la hermenéutica, donde la corrección de los prejuicios involucra una adecuada inserción en el “círculo hermenéutico”, de manera que las propias anticipaciones de sentido se corroboren en “la cosa misma”. Para Sáez, Gadamer sitúa una posible imprecisión de la interpretación en un “mundo de sentido” que presupone el entendimiento entre los dialogantes, que se confronta a la variabilidad de las interpretaciones posibles. Ello revelaría “que la cosa misma sobre la que se han de entender los interlocutores no constituye un ‘en si’, puesto a disposición de estos antes de la conversación, sino que aparece en el movimiento mismo de la conversación intersubjetiva”. De esta manera, la comprensión emerge sobre un saber de fondo o pre-comprensión irreconstruíble reflexivamente, inobjetivable. Así, la comprensión es un proceso en el que estamos insertos y no un proceso que podría ser dirigido intencionadamente mediante el seguimiento estricto de reglas establecidas a priori.

Los señalamientos de los hermeneutas referidos a una adecuada inserción en el círculo hermenéutico y el surgimiento del sentido, la comprensión y el entendimiento, son elementos normativos no eludidos por los autores y es un punto complejo y dificultoso de esta corriente. La experiencia hermenéutica posee una normatividad difícil y no carente de tematización. Sin embargo, estos lineamientos normativos existen y se plantean; alejados de lo nomológico, de lo universal y rehuyendo acudir a argumentos apodícticos, pero son operativos, en el marco de una pretensión nuclear irrenunciable, según Sáez: “que el lenguaje posee una dimensión ontológica constituyente, una función de ‘apertura de sentido’”.

5.- Gastón Bachelard

Es considerado como un antecedente directo del estructuralismo, por lo tanto, del post-estructuralismo. Su obra ejerció una notoria influencia sobre autores de la talla de Foucault, Deleuze y Derrida, además de muchos autores estructuralistas. En términos generales, para D’Agostini (2000), Bachelard considera que la ciencia no es descriptiva, sino que también creativa. El papel de la racionalidad y del conocimiento en ella no es absoluto, sino que “en este intervienen instintos, costumbres, inercias, sueños, desordenes y lentitudes”. De forma que la epistemología bachelardiana se fundamenta en la “conciencia de lo no riguroso”, entendiéndose esta como el principio esencial del rigor científico, alejándose equidistantemente también tanto del empirismo como del racionalismo.

Bachelard, junto con defender la “no rigurosidad” como condición de posibilidad de un rigor científico verdadero, ataca la visión positivista que sostiene una unidad de la ciencia, mediante una defensa del principio de discontinuidad de ésta. En la ciencia, como realidad histórica, resaltan las diferencias y discontinuidades, no las analogías o los elementos de continuidad. Estos serían los cánones de una nueva filosofía, la “Filosofía del No”: no contra los criterios apriorísticos, no contra la reducción en la unidad y perennidad del Yo Pienso y su “efecto deformante”, no contra la ideología de la continuidad, del aprehender de lo originario, despreciando las diferencias; el no como expediente “antifilosófico”, en la medida que impide una fijación de una filosofía cualquiera en su validación, lo cual estancaría el proceder del desarrollo científico. Para este autor, la nueva filosofía debe modelarse sobre estos lineamientos para favorecer el flujo histórico hacia un desarrollo científico alejado de lo dogmático. Por tanto, considero que la “conciencia de no rigurosidad” se plantea como un elemento normativo acerca de lo adecuado o aconsejable en el ámbito científico.

III.- CONCLUSIONES

El trayecto descrito de la epistemología contemporánea en cuanto a su prescriptividad se ha estimado tradicionalmente como un tránsito desde prescriptividades duras o fuertes, sobre la base de una metodología científica estricta que desemboca en conocimientos igualmente validables, pasando por una prescripción más flexible o débil, donde la normatividad puede incluso llegar a ser problemática y dudosa, hasta llegar a lo netamente descriptivo e incluso lo “anti-metodológico” -como en Feyerabend-.

Son visiones que nacen en el ámbito de un reconocimiento e inclusión de las variables históricas, culturales, sociales e incluso irracionales desde donde surge el conocimiento humano. En general, se consideran dentro de las prescriptividades débiles o ligadas incluso a lo no prescriptivo. Pero como ya he planteado, la descripción termina jugando las reglas de la prescripción.

Considero que las prescripciones no son más débiles por reconocerse situadas en un contexto -por muy acotado que sea- ni porque renuncie a omnicomprensiones y a totalizaciones, ya que al interior de cada uno de estos contextos, regiones o comprensiones locales, la prescripción es siempre prescripción y opera “con la misma dureza”.

Se trata entonces de una prescriptividad no débil sino “modesta”. Las acotaciones de los campos de acción de las prescripciones han quizás circunscrito y fragmentado a “La Epistemología” en diversas matrices epistemológicas [2], algunas más, algunas menos eliminativistas (implicadas en la exclusión de otras metodologías o vías de acceso al conocimiento); algunas más, otras menos orientadas a la fijación de la validez de ciertos procedimientos en lo científico, incluso algunas en contra de estas fijaciones, pero siempre desde la obtención de una mayor rigurosidad y adecuación de la actividad científica y su análisis comprensivo.

Entonces, el tránsito de la epistemología en relación con la prescriptividad se ha trazado no desde lo prescriptivo a lo descriptivo o a prescriptividades débiles; sino más bien desde una prescriptividad universal a varias prescriptividades igualmente fuertes pero acotadas, modestas en la medida en que templan, ajustan y eliminan el exceso de aplicabilidad de lo que se prescribe, no por eso debilitándose, sino que conteniéndose en los límites de su estado. Así como una piedra es tan dura como la roca desde la cual se fragmentó, una prescriptividad modesta es tan prescriptiva como otras más generales; y en ningún caso más feble, sino distinta.

Como ya se menciono, la descriptividad ha jugado a favor de la prescripción en epistemología, ya que la trayectoria en este sentido ha sido desde lo normativo del deber hacer (método) a una prescripción del deber ser del origen del conocimiento como actividad social (encarnado en conceptos como paradigma, programa de investigación, tradición de investigación, adecuada inserción en el ‘círculo hermenéutico’ o no-rigurosidad, entre otros que llevan implícitamente ciertas prescripciones.

Vale la pena indicar que el presente ensayo ha intentado circunscribirse en el rango de acción del curso de Epistemología Contemporánea del Magíster en Psicología y dentro de los límites y coordenadas del territorio presentado en la cartografía propuesta en el programa inicial.

En este sentido, el ensayo se propone también como modesto, porque  esta igualmente contenido en los límites de su estado, vale decir, en el contexto del curso y su bibliografía, evitando el exceso o desborde. No por esto se renunciará a la posibilidad de hablar sobre “La Epistemología Contemporánea”. Pudo haberse titulado “Ensayo sobre las Prescriptividades en las Matrices Epistemológicas”, pero aquí se ha  intentado establecer un punto de cohesión, identificando cierta unidad de “La Epistemología” en la multiplicidad de sus voces.

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IV.- BIBLIOGRAFIA

D’Agostini, Franca. Analíticos y Continentales, Guía de la filosofía de los últimos treinta años. 2000. Ediciones Cátedra. Madrid.

Sáez Rueda, Luis. Movimientos Filosóficos Actuales. 2001. Editorial Trotta. Madrid.

Referencias Electrónicas

Diccionario dela Real AcademiaEspañola. Extraído de http://www.rae.es el 10.08.2006

Fernández, Sergio. Epistemología y Psicoanálisis ¿Ciencia, hermenéutica o ética? Extraído de http://www.moebio.uchile.cl/05/psicoanalisis.htm el 10.08.2006

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Citas

[1] Diccionario de la Real AcademiaEspañola. www.rae.es

[2] La presencia de distintas matrices epistemológicas no se explica obviamente sólo por esta razón, sino que se centra en diferentes formas de abordar la posibilidad de una comprensión acerca de algunos presupuestos epistemológicos. Entre éstos son de mucha relevancia los referidos a la prescriptividad.

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