Somos ignorantes de nuestra ignorancia: el efecto Dunning-Kruger

Revisaré un estudio cuya conclusión es la siguiente: las personas menos hábiles son también las menos conscientes de su escasa habilidad.

“La ignorancia frecuentemente proporciona más confianza que el conocimiento”  –  Charles Darwin

En el año 1999, David Dunning y Justin Kruger, investigadores de la Universidad de Cornell, impulsaron una brillante investigación, la cual derivó en un importante paper titulado “Unskilled and unaware of it: how difficulties in recognizing one’s own incompetence leads to inflated self-assessments” (algo así como “Inepto e ignorante de ello: cómo las dificultades en reconocer la propia incompetencia lleva a auto-valoraciones exacerbadas”) trabajo que ganó el Ig Nobel del año 2000.

El título nos conduce directamente a las sustanciosas conclusiones del estudio: Los individuos incompetentes tienden a sobreestimar sus propias habilidades.  Además, son menos proclives a reconocer la habilidad de otros y son incapaces de reconocer su insuficiencia. Pero el panorama no es completamente oscuro: los investigadores indican que cuando los peor calificados se someten a un proceso de aprendizaje que termina mejorando su rendimiento, tienden a reconocer su anterior impericia.

Los autores estudiaron el rendimiento de los sujetos en distintas habilidades (humor, razonamiento lógico y gramática) Con antelación habían recabado la autoevaluación de base que cada individuo tenía sobre sí mismo respecto a cada habilidad y, además, se les solicitó un puntaje aproximado de su rendimiento en las pruebas.

El grafico que muestra los resultados es bastante sorprendente:

La línea gris demuestra el rendimiento real de los sujetos en las pruebas (los sujetos se distribuyen homogéneamente a lo largo de los cuartiles), la línea verde muestra el nivel de habilidad que cada persona percibía de sí misma antes de la prueba. La línea roja da cuenta de la misma percepción, pero respecto a la prueba ya realizada: se advierte con claridad que las auto-percepciones de rendimiento distan dramáticamente del rendimiento real.

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“La ignorancia es una bendición”  –  Thomas Grey

El efecto Dunning-Kruger resulta bastante grotesco: Absolutamente todos los evaluados consideran que sus habilidades han sido mejores que la media.

Quienes demostraron un paupérrimo 10% de rendimiento, pensaron que se encontraban entre el 50 y 60% de logro. Curiosamente, quienes han rendido en la prueba con un 70% o más de respuestas correctas, consideran que tanto su habilidad previa como su rendimiento en la prueba ha sido menor que su resultado real. Aquello confirma lo planteado por Aristóteles, con relación a que quienes más saben, evalúan que su conocimiento resulta insuficiente. Personalmente creo que aquello no ocurre por falsa humildad, sino que porque los que más saben son también los más conscientes de la vastedad de lo que aún desconocen.

En consecuencia: los menos hábiles en las pruebas más sobrestimaban en sí mismos las habilidades que en realidad no tenían. Quienes mejor rindieron en las pruebas, mantenían una positiva y acertada apreciación de dichas habilidades. Finalmente, quienes demostraron un desempeño excepcionalmente destacado en las pruebas, tendían a subestimar sus habilidades.

Los autores finalizan su estudio con una interesante discusión respecto a las posibles causas del sesgo cognitivo investigado: plantean que el contexto social rara vez proporciona a los sujetos un efectivo feedback negativo sobre sus rendimientos, de manera que les permita aprender de los errores. Las personas tienden a replegarse y cerrarse completamente a las experiencias de evaluación negativa (“me saqué” un 7.0 v/s “me pusieron” un 1.0) antes de poder hacer de ellas un aprendizaje provechoso  (es decir, un re-estructurante realista para la autoevaluación)

Este efecto (también llamado sesgo “mejor que la media”) no se limita a las habilidades revisadas aquí y resulta ser bastante masivo: la gran mayoría de los conductores indica manejar “mejor que la media”, más del 60% de los padres creen ser mejores progenitores que el promedio, mismo porcentaje de personas que creen tener un mejor aspecto físico que la media, incluso algunas investigaciones indican que casi el 90% de los profesores universitarios consideran que realizan un trabajo mejor que el promedio de sus pares. Dichas afirmaciones son absurdamente inconsistentes con la realidad. Son parte de una concepción fantasiosa de sí mismo (pensamiento quimera) y un autoengaño que mantiene una frágil y vulnerable cohesión interna, disfrazada de excesiva confianza…y todo sin darnos cuenta en lo absoluto.

Si el 65% de las personas cree ser más inteligente que la media, según el más estricto rigor (y más allá de cualquier interpretación teórica) tenemos como resultado un 15% de alucinados. El humano realiza enérgicos esfuerzos por sostener un estilo rigurosamente particular de pensar sobre sí mismo, el cual intento definir como esencialmente equívoco, tal como nuevamente se demuestra aquí.

Al parecer, la actitud del sabio Nicolás de Cusa y su “docta ignorantia”, parece una posible salida al problema, entre otras.

En fin, es una reflexión que -sin lugar a dudas- tiene el propósito de interpelarnos a equilibrar nuestras exaltadas autoestimas.

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