La ley de Parkinson o cómo explotar a su trabajador

Resulta relevante conocer una especie de sesgo cognitivo llamado la “Ley de Parkinson”, la cual indica que la capacidad de trabajo se contrae o expande a fin de ajustarse a la cantidad de tiempo disponible para finalizarlo.

Su planteamiento inicial lo elaboró Cyril Northcote Parkinson en 1957 (sin vinculación alguna con la enfermedad neurológica, descrita por James Parkinson en 1817) C. N. Parkinson fue un autor británico que atacó de manera sistemática los vicios de la sociedad burocrática.

Sus leyes más célebres son:

1.- El trabajo se expande o contrae hasta completar el tiempo disponible para su realización.

2.- Los gastos siempre aumentarán hasta equiparar los ingresos.

3.- El tiempo dedicado a cualquier punto de la agenda es inversamente proporcional a su importancia.

Si bien el efecto inicial de lo descrito es claramente humorístico, respecto a la primera y mas célebre Ley de Parkinson me gustaría destacar la eficiencia con la que algunos empleadores sacan rendimiento de la premisa. La verdad es que los llamados “trabajos de media jornada” o “jornada parcial” implican riesgos importantes, según la comprensión que elabora Parkinson.

En la cada vez más usual “media jornada”, quien ofrece esa modalidad de empleo sabe que la capacidad de trabajo del empleado se ajustará naturalmente hasta completar la labor designada, por demandante que ésta sea: una labor pensada para ser efectuada en jornadas completas, puede ser realizada en media, si es que disponemos sólo de ese tiempo, donde los costos mentales y sociales corren a cuenta de quien realiza la tarea.

Comparto con ustedes un ejemplo concreto. Tuve la oportunidad de atender a un adolescente de escasos recursos que se encontraba muy entusiasmado de ingresar a trabajar. Lo aceptaron en una planta de cosecha de arándanos. La primera semana debía llenar un frasco mediano. Le pagaban mil pesos por cada frasco. La segunda semana, sorpresivamente, le hicieron entrega de un pequeño balde (cuyo contenido correspondía al doble del frasco inicial), pese al cambio de tamaño, el balde lleno equivalía a los mismos mil pesos. A la tercera semana el balde aumentó nuevamente su tamaño, injustificadamente. Por cada balde lleno, nuevamente obtendría mil pesos. Sin embargo, el joven en las tres semanas mantuvo una relativa estabilidad en sus ingresos: incrementó su capacidad de trabajo a fin de ganar el dinero que se acostumbró a obtener en la primera semana, con el mismo tiempo disponible para ello. El adolescente renunció antes de cumplir un mes, ya que el nivel de exigencia era insostenible y el trato muy injusto y deshonesto. Sin embargo muchos de sus compañeros debieron permanecer.

Una Ley de Parkinson mal utilizada (dónde el esfuerzo se incrementa,  mientras el tiempo disponible se contrae), en un nivel aplicado, usualmente deriva en lo que conocemos como stress laboral.

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