El problema erótico del masoquismo. Entre Reik y Bataille

Una de las grandes piedras de tope de la teoría freudiana fue el tema del masoquismo. Al parecer Freud no logra desentrañar sus aristas en “El problema económico del masoquismo” de 1924. Propongo integrar a otros autores para matizar este nudo temático difícil de desgajar.

I.- MASOQUISMO EN REIK
Theodor Reik, en El Masoquismo en el Hombre Moderno[1], define tres elementos constitutivos del masoquismo; a saber: la importancia especial de la fantasía, el factor suspenso y el carácter demostrativo. Los tres tendrían un carácter esencial en la configuración del masoquista y confluirían en todo sujeto portador de estas tendencias, de forma inevitable.

En relación con el primer elemento, Reik apunta a que en todos los casos por él observados, aparecería con completa evidencia la importancia de la fantasía como elemento preliminar para la excitación sexual, donde sería reconocible con facilidad la refundición de ideas infantiles.

Reik reconoce como el núcleo de toda perversión -en la que la finalidad instintiva sea pasiva- el hecho de que las fantasías se detengan en las actividades preparatorias, en lugar de tener por meta la satisfacción de orden genital. De esta manera, para el masoquista sería imposible prescindir de la fantasía porque “esta representa un requerimiento preliminar indispensable, una condictio sine qua non[2].

También sería notable que las fantasías previas y los complejos rituales a ellas asociados, tenderían al “conservatismo” o “tenacidad de las fantasías”, lo que indica que estas perderían, luego de un tiempo bastante extenso, su capacidad excitadora para el sujeto masoquista. Luego de la pérdida de esta capacidad, las fantasías serían reemplazadas por otras nuevas.

En cuanto al factor suspenso, el autor reconoce dos cualidades de éste: la preponderancia de la ansiedad y la tendencia a prolongar el suspenso.

En este sentido Reik sostiene que:

“El placer sexual del masoquista esta siempre teñido de esta ansiedad, que en la experiencia sexual o bien falta por entero, o bien manifiesta en grado muy escaso […] el término suspenso incluye el elemento de la incertidumbre, de ‘estar en suspenso’, de dilación y al mismo tiempo que el estado no tiene una terminación definida”[3].

La tensión masoquista también se caracterizaría por la tendencia a prolongar la tensión, el placer previo o, lo que es más importante, evitar el placer final. Cuando el temor al placer final (o a sus consecuencias) se torna abrumador, se comienza a evitar el aumento de la excitación. El autor indica que:

“El factor suspenso se revela ahora como idéntico a la antigua tensión sexual, transformada por obra de una inconciente ansiedad […] el masoquismo no se caracteriza por hallar placer en el malestar, sino por hallar placer en la expectativa del malestar”[4].

Hallar placer precisamente en la anticipación de las sensaciones displacenteras, sometiéndose a un displacer previo, con el fin de disminuir la tensión ansiosa: “El fin perseguido es evitar, no la producción de ansiedad, sino el estallido de un intenso sentimiento de terror[5]”. Se suscita intencional y planificadamente algo temido, lo cual aminora la tensión. La ansiedad se domina al transformar un pasivo soportar a un activo hacer, por anticipar una amenaza incierta y futura haciéndola presente, precipitando el desenlace planificadamente. El temor inconsciente a la base, Reik lo sitúa en el contexto del temor a la castración.

En tercer lugar, el carácter demostrativo guarda relación con que -en todos los casos- Reik pudo ver que el sufrimiento, el malestar, el dolor, la humillación son mostrados, por el masoquista; exhibidos, haciéndose alarde de ellos. Desde la situación embarazosa narrada en público por la propia víctima, hasta en el más crudo castigo corporal, se pueden rastrear distintos niveles de gratificación en presentar y demostrar ante otros el propio dolor, vergüenza, sufrimiento, absurdo. El autor incluso inscribe las privaciones y sufrimientos del místico ermitaño penitente en esta dimensión, en la medida en que confía en que un dios atestigua sus penurias.

El masoquista se somete al daño y la humillación de forma anticipada, regulada, reglamentada, ritualizada; con el fin de hacerle frente a su temor inconsciente a una castración ineludible, insoslayable, marcada a fuego en su destino. El someterse a “una castración en módicas cuotas” se genera placer al aminorarse la tensión de la espera y de la pasividad de una castración final infiltradora, desgarradora, impredecible, terrorífica.

II.- EROTISMO EN BATAILLE

Para Bataille, El erotismo “es la aprobación de la vida hasta en la muerte[6]”; donde se ligan íntimamente la muerte y la reproducción, la violencia y, por consiguiente, la prohibición y su trasgresión.

Somos seres discontinuos, indica el autor, que mantenemos una nostalgia por la continuidad que es el abismo de cada individualidad. Lo que arranca violentamente al ser respecto de su discontinuidad es la muerte, como violación del ser ocluido, cerrado; y donde la violencia de la agresión y de la pasión se aproximan a lo mortífero mientras más se acerquen a la continuidad entre los seres.

Para víctima y victimario de esta violencia agresiva o sexual se desgarran los límites de la discontinuidad, se genera la experiencia interior donde entra en crisis su aislamiento.

En el mundo de los seres discontinuos se despliega el trabajo y las herramientas que este requiere, basadas en una lógica engendrada por las prohibiciones. Interdictos y prohibiciones posibilitan la productividad, la ganancia y limitan el desenfreno sexual y agresivo de un erotismo conducente a lo discontinuo. Se configura lo transgresor, lo ligado a orgías, guerras y sacrificios que no se origina en una violencia netamente animal y desatada sino que su origen se inscribe de lleno en las prohibiciones que determinan su puesta en marcha y despliegue.

De manera que Bataille trabaja en base a la afinidad entre agresión y reproducción, sexualidad y muerte, violencia y pasión; desmarcándose sustancialmente de las tradicionales y momificadas oposiciones amor-odio, vida-muerte, sexualidad-violencia, etc. Para dar paso a un campo más prolífico al momento de abordar ciertas problemáticas.

III.- EL ANTIEROTISMO MASOQUISTA

Se puede ejercitar una relación rápida entre el masoquismo reikeano y el erotismo de Bataille, inscribiendo al masoquista en el ámbito de la transgresión, específicamente de la transgresión vía degradación de sí. El masoquista sería quien ya no cree en lo prohibido y recurre al rebajamiento absoluto con el fin de acceder a un erotismo derruido. El masoquismo podría obtener contexto en lo siguiente:

“La vía de la degradación, en la que el erotismo es arrojado al vertedero, es preferible a la neutralidad que tendría una actividad sexual conforme a la razón, que ya no desgarrase nada. Si la prohibición deja de participar, si ya no creemos en lo prohibido, la transgresión es imposible, pero un sentimiento de transgresión se mantiene, de hacer falta, en la aberración”[7].

Sin embargo, e intentando un ejercicio distinto; planteo que la visión de Reik sobre el masoquismo permite circunscribirlo en un movimiento que se contrapone a lo que Bataille considera como erótico.

El ejemplo de la niña de la bañera, planteado por Reik, servirá como ilustración útil de aquello que es germen de todo masoquismo, según el recién mencionado.

La joven paciente de Reik, una “enfermera de personalidad netamente masoquista”, proporciona un recuerdo infantil que el autor considera portador de una lógica inherente a todo masoquismo. Cuando la niña era puesta en una bañera y dejada sola por unos momentos la cuidadora, al regresar, giraba el grifo y mojaba completamente a la niña con agua fría, con el consecuente desagrado apabullante. La niña comenzó, entonces, a anticipar el ser infiltrada por ese displacer de forma repentina y giraba ella misma el grifo para comenzar a mojar sus brazos, donde se entremezcló en ella el desagrado provocado por el agua con el placer de disminuir la tensión de una espera atosigante. Además, mediante dicha acción cambia su rol -de completamente pasiva a activa-, un desagrado súbito e impreciso (situado en el futuro) se transa por un desagrado graduado y controlado en el presente; en el contexto de una certeza absoluta de la inminencia del displacer, sin posibilidad de evitación. Vía búsqueda del displacer se despoja del horror, del desgarro de una sensación expectante y abrumadora.

En el masoquista, el castigo, el desagrado, el dolor, la humillación, no se evita; ya que siempre es inminente. Al contrario, se sale a su encuentro, con la consecuente sensación placentera que prosigue a la reducción de la ansiedad; lo cual da paso libre al placer final. Existe, de esta forma, un rasgo aparentemente heroico en la lógica masoquista de Reik, se encara un destino terrible, anticipándolo, saliendo a su encuentro. El masoquista no puede evitar ser impactado por el dolor, el displacer; sin embargo al hacerle frente impide “convenientemente” ser desgarrado en el despliege de su violencia. Se entiende entonces por qué el masoquista resulta heroico sólo en apariencia: al ser su destino inevitable y su reacción frente a este, ventajosa, evade el inconveniente de consolidarse como un gasto improductivo. Al contrario, obtiene ganancias de este proceso, y no poca cosa; decremento de ansiedad y, desde una compresión cercana a Bataille,  conservación de discontinuidad.

Es en este punto donde planteo (admitiendo el masoquismo de Reik y el erotismo de Bataille) que el masoquismo se descentra del erotismo en la medida en que su mecánica se desliga, se resiste a la lógica de la continuidad, de la transgresión, del desgarramiento del ser. Existiría una labor masoquista, inscrita en el mundo de la conservación de las discontinuidades. El masoquista se aísla en sus límites discontinuos, los rigidiza, los solidifica mediante esta anticipación, este salir al encuentro de lo que lo infiltraría violentamente si se sometiera a un erotismo como tal.

El golpe, la humillación, el castigo que impacta al masoquista no lo hace rebasar sus límites. Al contrario, los garantiza. Acepta el castigo ya que este permite mantener maciza una prevención de lo erótico, de un perderse a sí mismo en el flujo continuo de seres. Se opone a la violencia y a lo erótico que Bataille percibe en ella.
En lo temporal de cambios, incrementos y suspensiones de tensiones y descargas, Freud identifica un posible componente cualitativo que incida en placeres y displaceres[8]. El masoquista precisamente maneja ritualísticamente, obstinadamente esta enigmática ritmicidad para coordinar tensiones, permitir transiciones, tramitar acompasadamente la persistencia de su discontinuidad.

Confío ampliamente en la fragmentariedad de lo aquí planteado y la necesidad de convocar argumentaciones que aporten complejidad y matices. Se ha tratado de un impulso inicial dirigido a inscribir el masoquismo en el ámbito de lo extraerótico, de aquello que se resiste a la continuidad desde donde proviene y a la cual se dirigirá, invariablemente, el ser.

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IV.- BIBLIOGRAFÍA

BATAILLE, Georges. 2006. El Erotismo. 1ª Edición argentina en col. Tusquets. Buenos Aires.

FREUD, Sigmund. 1924. El Problema Económico del Masoquismo. Extraído de Obras Completas de Sigmund Freud. [CD]. Infobase.

REIK, Theodor. 1949. El Masoquismo en el Hombre Moderno. Buenos Aires: Editorial Nova.

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CITAS.
[1] Reik, T. 1949. El Masoquismo en el Hombre Moderno. Buenos Aires: Editorial Nova
[2] Op. Cit. Pag. 56
[3] Op. Cit. Pag. 70
[4] Op. Cit. Pag. 78
[5] Op. Cit. Pag. 82
[6] BATAILLE, Georges. 2006. El Erotismo. 1ª Edición argentina en col. Tusquets. Buenos Aires. Pag. 15.
[7] Op. Cit. Pag. 146.
[8] Freud, Sigmund. 1924. El Problema Económico del Masoquismo. Extraído de Obras Completas de Sigmund Freud. [CD]. Infobase.
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